Cuando compras o vendes una propiedad, es fundamental conocer la diferencia entre superficie útil y superficie construida. Aunque parecen términos similares, se refieren a conceptos distintos que afectan tanto a la valoración de la propiedad como a su uso real.
La superficie construida incluye todos los metros cuadrados del inmueble, como las paredes, pasillos, escaleras y zonas comunes (en edificios). Este dato se utiliza en documentos oficiales como cédulas de habitabilidad, escrituras de compraventa y el impuesto del IBI. Además, es el valor que aparece en el Catastro y se usa para la tasación oficial de la propiedad.
La superficie útil es la que realmente se puede habitar, es decir, el espacio interior sin contar paredes ni zonas comunes. Incluye habitaciones, salón, cocina, baños y otras áreas donde se puede transitar o colocar muebles.
Terrazas y balcones: Solo cuentan al 50% en la superficie útil, a menos que estén cerrados.
Armarios empotrados: Se incluyen en la superficie útil.
Techos inclinados: Solo cuentan como útil si tienen una altura mínima de 1,50 m.
Si vas a construir una nueva casa, ten en cuenta que la superficie útil suele ser entre un 15% y un 25% menor que la construida. Por ejemplo, si dispones de 200 m² de superficie construida, la superficie útil rondará entre 150 m² y 170 m².
Conocer la diferencia entre la superficie útil y la construida es clave al comprar o vender una propiedad. La superficie útil es la que realmente necesitas tener en cuenta si estás buscando el espacio habitable, mientras que la construida es relevante para los trámites legales y la tasación de la propiedad. Nuestro equipo de expertos está aquí para ayudarte a encontrar la propiedad que se ajuste a tus necesidades y a guiarte a través de todo el proceso.